Recuerdo también que, a la semana siguiente de ese 9 de noviembre, una compañera nos trajo a clase un trozo de muro, bastante grande, que le había traído su padre, periodista corresponsal en Berlín por aquel entonces. Ese día no supimos dar la importancia a lo que teníamos entre las manos. El año pasado mi hermano mayor me trajo un pedazo de muro, del tamaño de una uña, como recuerdo de su estancia en Berlín. Esta vez sin embargo, la emoción me sobrecogió, siendo como una segunda oportunidad que no desaproveche. El simbolismo que tiene un pequeño pedazo de piedra contrasta con la magnitud de su importancia, simbolizando el final de un ciclo de nuestra historia que esperemos no se repita, en el que un "telón de acero", dividio el mundo en dos...
Buenas noches!
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